Los Incas fueron los primeros en cultivar la patata allá por el 200 después de cristo en Perú. En 1536, los conquistadores españoles la llevaron a Europa una vez conquistaron Perú. El botánico Permantier ha sido uno de sus principales avaladores en Europa. A final del siglo XVI, la consiguió popularizar en Francia. Se cuenta que preparó un banquete a base de 20 platos preparados a base de patatas. Todo valía para vencer el feo aspecto del exterior de la patata. Con este banquete consiguió que el rey exigiese que le fueran servidas en la corte. Su popularidad aumentó mucho hasta convertirse en la base de la alimentación en el siglo XVIII. La dependencia de la patata era tal que aún hoy los irlandeses recuerdan la Irish Famine, una plaga que acabó con cosechas enteras de patata y generó muchísimas muertes por hambre. España era muy reticente a consumir la patata, llamada por los andinos chuqui, así que realmente llegó al mundo a través de los americanos. Concretamente, llegó a las colonias americanas desde las Bahamas y adoptó el vocablo caribeño potato.
Las patatas fritas fueron introducidas en los Estados Unidos cuando Thomas Jefferson las sirvió en la Casa Blanca durante su presidencia de 1801-1809. En 1853 un magnate del ferrocarril, el comodoro Cornelius Vanderbilt, se quejó de que sus patatas fueron cortadas demasiado gruesas y las enviaron de nuevo a la cocina. Enojado, el cocinero George Crum rebanó las patatas tan finas como papel y las frió en aceite caliente, las salaó y las sirvió. Cuál fue su sorpresa al ver que Vanderbilt bautizó aquello como “Saratoga Crunch Chips” (Saratoga porque estaban en el ferrocarril Saratoga Springs). Así se hicieron famosas las patatas fritas que hoy conocemos como patatas de churrero o patatas chips. Hoy en día, la patata es, en sus múltiples formas de preparación, uno de los alimentos más importante.